LAS CRóNICAS NEMEDIAS (BOLSILLO)
 
 


Las Crónicas Nemedias 1

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • La hija del gigante de hielo
  • La Torre del elefante
  • El dios del cuenco
  • Hatajo de rufianes
  • La Reina de la Costa negra

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 2

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • El valle de las mujeres perdidas
  • Coloso negro
  • Sombras de hierro a la luz de la luna
  • Nacerá una bruja

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 3

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • Los caníbales de Zamboula
  • Xuthal del crepúsculo
  • El diablo de hierro

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 4

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • El pueblo del Círculo Negro
  • Los sirvientes de Bit-Yakin

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 5

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • El extranjero negro
  • El estanque del negro

     

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 6

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • Clavos rojos
  • Más allá del Río Negro

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 7

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • El fénix en la espada
  • La ciudadela escarlata
  • La era hibórea
  • Cronología

[Ver ficha completa]

 


Las Crónicas Nemedias 8

Robert E. Howard

Has de saber, oh, príncipe, que en los años que median entre el hundimiento de la Atlántida y las ciudades resplandecientes y la ascensión de los hijos de Aryas hubo una época de ensueño en la que reinos rutilantes se extendían por el mundo como mantos color zafiro tachonados de estrellas: Nemedia; Ofir; Britunia; Hiperbórea; Zamora, con sus mujeres de pelo negro y sus misteriosas y sobrecogedoras torres; Zingaria, con su caballería; Koth, que lindaba con los pastizales de Shem; Estigia, con sus tumbas custodiadas por las tinieblas; Hirkania, cuyos jinetes vestían de acero, seda y oro...

Pero no había reino más magnificente que Aquilonia, cuyos dominios abarcaban el esplendoroso oeste.

Allí apareció, espada en mano, Conan el cimerio, de pelo negro y mirada taciturna, ladrón, saqueador y asesino, tan desbordante de melancolía como de júbilo, dispuesto a hollar con sus sandalias los engalanados tronos de la Tierra.

  • La hora del Dragón
    1. ¡Despierta, oh, durmiente!
    2. Sopla un viento negro
    3. El despeñadero se estremece
    4. ¿De qué infierno has salido?
    5. El cazador en las catacumbas
    6. A golpe de puñal
    7. Se rasga el velo
    8. Brasas moribundas
    9. ¿Es el rey o su fantasma?
    10. Una moneda de Aqueronte
    11. Espadas del sur
    12. El colmillo del dragón
    13. Un fantasma del pasado
    14. La mano negra de Set
    15. El retorno del corsario
    16. Jemi, la de negras murallas
    17. ¡Ha matado al sagrado hijo de Set!
    18. Soy aquella que nunca murió
    19. En el salón de los muertos
    20. Del polvo resurgirá Aqueronte
    21. Tambores de amenaza
    22. El camino de Aqueronte

[Ver ficha completa]