De 7 en 7: Víctor Conde

septiembre 17, 2014
 

En Sportula Víctor Conde ha publicado Mercaderes de Tiempo, una novela corta de ciencia ficción con la que fue finalista del Premio UPC y El teatro secreto, donde aborda la fantasía oscura con elementos feéricos y, de paso, le da una lección o dos a Neil Gaiman.

Sus próximos proyectos con nosotros son Leyendas del Metaverso (donde coordina a media docena de autores que se dan una vuelta por su escenario narrativo más famoso) y la versión redux de El Tercer Nombre del Emperador, su primera novela.

La pregunta inevitable: De todas las cosas a las que podrías estar dedicándote, ¿por qué precisamente a escribir?

Creo que la literatura es un medio de expresión magnífico, ideal para construir en un medio que ni es totalmente físico ni totalmente etéreo, es decir, la mente del lector, todos esos mundos de fantasía que uno lleva por dentro. Además es un medio muy versátil, que lo mismo te abre una ventana a lo dramático como a lo cómico, al terror o a la aventura. En este caso se comporta como el cine, que también es una ventana a esos mundos paralelos (aunque para nosotros, sus creadores, sean a veces más reales que lo que nos rodea en nuestra vida cotidiana). La ventaja es que la literatura no tiene límite presupuestario, ni hay nadie que te diga «¡eso en este país no se puede hacer!» como sí pasa constantemente en el miserable mundo del cine español.

El corolario a la pregunta inevitable: De todas las cosas sobre las que podrías escribir, ¿por qué precisamente literatura no realista?

¿Quién dice que no sea realista? Pero… ¿es que acaso en el mundo donde viven los demás no existen los héroes, los dragones o las doncellas en peligro, las naves estelares o los imperios tiránicos? No entiendo la pregunta…

La pregunta definitoria: ¿Escritor de brújula o escritor de mapa?

Yo soy más un escritor de mapa que de otra cosa. Me fío de mi instinto cuando estoy allá fuera, perdido en el laberinto de la imaginación, pero me gusta tener preparados unos oasis en los que recalar cuando el viaje es largo y las condiciones del terreno difíciles. Suelo hacerme un esquema general de cómo va a ser la historia que quiero contar antes de escribir las primeras páginas, lo cual incluye los personajes, los puntos de trama más fuertes y, sobre todo, el final, lo más importante a mi juicio de cualquier relato. Luego le doy un amplio margen a la creatividad mientras escribo, claro, pero es la creatividad del día a día, de la lucha diaria contra el papel. En líneas generales siempre me aseguro de tener un faro en la lejanía que me ilumine y evite que me pierda por los cerros de Úbeda.

La pregunta prospectiva: Tu lector ideal. Esa entelequia que tienes en mente cuando escribes y que te gustaría que tuviera cientos de miles de implementaciones en el mundo real. ¿Cómo es ese lector ideal para el que escribes y qué espera encontrar en un libro?

Pues me gustaría que fuese alguien con cierto bagaje cultural, que hubiese leído mucho antes de llegar a mí y que no se sintiese amedrentado por un cierto nivel de complejidad en la prosa o en la trama. Sé que hay mucha gente así, porque otras novelas de mucho éxito cumplen ambos requisitos (por desgracia, otras muchas no). Mi sueño es que esos lectores cultos también se fijen en mí. Hubo un tiempo en que la ciencia ficción, por ejemplo, tenía obras tan complejas como Radix o Neuromante o Dune y nadie se quejaba, las leían y les encantaban. Mi sueño, cuando escribo tanto CF como otros géneros, sería recibir ese nivel de aceptación algún día.

La pregunta distópica: Vienes de un remoto futuro. Del colapso que sabes inminente, se te permite rescatar y llevar a tu época tres libros, tres películas y tres obras musicales. ¿Cuáles y por qué?

Libros: El señor de los anillos, la Ilíada y el poema de Gilgamesh (el por qué la Humanidad vuelca en papeles sus sueños y temores, en tres lecciones irrepetibles para entender quiénes somos y por qué soñamos).

Películas: El señor de los anillos (again), El Resplandor y 2001 (tres milagros visuales en tres claves tonales distintas).

Obras musicales: El Tubular Bells de Mike Oldfield, Freudiana de Alan Parsons y alguna banda sonora de Bernard Hermann (el complemento ideal para dejar que tu corazón vuele mientras escribes).

La pregunta ucrónica: ¿Cuál es el libro que habrías querido escribir pero ya estaba escrito? ¿Por qué ése?

Indudablemente El Señor de los Anillos. Desciende (digamos que es una puesta al día para el siglo XX) de la ópera de Wagner de los Nibelungos, y al igual que ella apela a contar nuestra propia historia pero usando alegorías míticas inmortales. Si yo hubiera podido escribir algo así, nunca más tocaría una máquina de escribir en lo que me quedara de vida. Ya me sentiría más que satisfecho con una sola obra.

La pregunta que nunca te han hecho: ¿Por qué hablas siempre como si lo que escribes no fuera ficción, sino cosas que ves en tu realidad cotidiana?

Porque no es ficción, nada de lo que escribo. Yo las veo de verdad. ¿Que estoy un poco loco por creer eso? Sí, ¿y qué?