De 7 en 7: Felicidad Martínez

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Felicidad inició su carrera en Sportula con «La textura de las palabras», un relato incluido en la antología Akasa-Puspa, de Aguilera y Redal que enseguida despertó la atención de los lectores y fue uno de los candidatos al Premio Ignotus en la categoría de Mejor Novela corta el año 2013.

Volvimos a verla en Adepta, una novela corta en la que se paseaba por el escenario creado por Rodolfo Martínez en El adepto de la Reina. Y, finalmente, tuvimos ocasión de verla trabajando con sus propias creaciones en Horizonte lunar, su primera novela, que ha recibido una estupenda acogida tanto de crítica como de público.

¿Volveremos a ver a Felicidad por Sportula? Por supuesto. Por un lado, uno de sus relatos será incluido en Leyendas del Metaverso, la antología coordinada por Víctor Conde sobre su más conocido escenario de ciencia ficción. No contenta con eso, es la co-autora, junto a Rodolfo Martínez, de Los rostros del pasado, tercera novela del ciclo del Adepto de la Reina.

¿Algo más? Seguro que sí. Ya lo iréis descubriendo.

La pregunta inevitable. De todas las cosas a las que podrías estar dedicándote, ¿por qué precisamente a escribir?

Porque lo necesito. Es algo que me pide el cuerpo, o mejor dicho, la mente. Para mí escribir es una forma más de evasión: deambular por un escenario e ir descubriendo sus maravillas, vivir en la piel de mis personajes (todos y cada uno de ellos), matar al monstruo, «quedarme con la chica»… Me permite purgar miedos, reafirmar mis ideas, estrujar la lógica como a mí me gusta y, por supuesto, soñar con infinitas posibilidades.

De la misma forma que leo, veo pelis o series, juego a rol y me paso videojuegos, escribir me permite tanto evadirme como reflexionar. Y también, de la misma forma que algo que me gusta (novela, película, juego…) se lo recomiendo a otros, los mundos que creo quiero compartirlos con los demás… y después discutir las escenas que más nos han gustado, no como si yo fuera la escritora, sino como una lectora más.

El corolario a la pregunta inevitable: De todas las cosas sobre las que podrías escribir, ¿por qué precisamente literatura no realista?

Porque de realidad estoy servida y las palomitas me encantan. Aunque, a poco que lo piense, lo que escribo es acerca de realidades futuras. Cierto es que mis escenarios son principalmente spaceoperísticos y, por tanto, de futuros lejanos, pero en el fondo están cargados de la realidad que me rodea. Así pues, ambientarlos en un tiempo muy alejado del nuestro permite disfrutar la lectura como mero divertimento, que es lo que pretendo, pero a la vez invita a la reflexión sobre nuestra situación actual, por ejemplo en temas como el choque cultural, la dinámica social y, en general, todo lo que tiene que ver con la condición humana.

La pregunta definitoria: ¿Escritora de brújula o escritora de mapa?

Supongo que de brújula. Y digo supongo porque aunque suelo tener claro el principio y el final de la historia, en más de una ocasión he empezado alguna sin tener la más remota idea de adónde me va a llevar. De ahí que se me den fatal los cuentos y que sienta admiración por quienes son capaces de escribirlos.

Cierto es que en dos ocasiones tuve que sentarme y desarrollar un esquema completo, y solo cuando todo encajaba a la perfección, me puse a escribir.

La primera vez fue con «La textura de las palabras». Necesitaba descubrir cómo un sistema de esas características era factible hasta el punto de poder mantenerse durante siglos, tal como se leía en las novelas originales. Haber descrito todo el sistema de forma amena me habría llevado una novela, pero al estar dentro de una antología, solo pude describir una parte. A pesar de ser consciente de eso, yo necesitaba tenerlo todo muy claro en mi cabeza, de principio a fin, aunque la historia se centrara en algo muy concreto.

La segunda ha sido recientemente. Una novela corta para Leyendas del Metaverso de Víctor Conde. A diferencia de «La textura de las palabras», donde la historia se centra en un microuniverso en el que no es necesario conocer el macrouniverso al que pertenece (Akasa-Puspa) para entender lo que pasa, en «Despertares» necesitaba contar con la aprobación del autor para que los temas que quería tratar encajaran en el universo que él había creado. Así que le envié una descripción completa de la historia y solo cuando recibí el visto bueno me puse manos a la obra.

La pregunta prospectiva: Tu lector ideal. Esa entelequia que tienes en mente cuando escribes y que te gustaría que tuviera cientos de miles de implementaciones en el mundo real. ¿Cómo es ese lector ideal para el que escribes y qué espera encontrar en un libro?

Uf, madre. Si soy sincera, la verdad es que no escribo pensando en quien me va a leer, sino en lo que a mí me gustaría leer; así que tal vez la pregunta sería qué tipo de lectora soy y qué espero encontrar en un libro. Pues veamos:

Para empezar espero entretenimiento y evasión; quiero acción, pero no de cualquier manera. Para mí los diálogos también forman parte de la acción, así que necesito que sean fluidos, que no me chirríen, en definitiva: creíbles. No quiero que me suelten parrafadas si no aporta nada a la historia, y en especial detesto los infodumps. Eso también incluye el que traten de demostrarme lo mucho que se han documentado y te suelten un rollo. La información debe fluir, y aportarla solo cuando es necesario y pertinente.

Algo que también me molesta mucho es cuando intentan aleccionarme o cuando es evidente que intentan impresionarme, bien con palabras grandilocuentes, bien con metáforas rebuscadas, bien con descripciones sobrecargadas. La descripción no debe entorpecer la lectura ni contribuir a perder el hilo de lo que se estaba contando.

Por último, no me gusta que se saquen cosas de la manga, o que me traten de tonta. Creo que algo maravilloso de la literatura es que puedas aportar de tu cosecha. Así que si algún lector busca todo eso, es lo que encontrará en lo que escribo.

La pregunta distópica: Vienes de un remoto futuro. Del colapso que sabes inminente, se te permite rescatar y llevar a tu época tres libros, tres películas y tres obras musicales. ¿Cuáles y por qué?

Esto es una pregunta trampa. La gente suele responder en plan qué se necesita salvaguardar de la antigua humanidad para las generaciones futuras, mientras que yo lo que tiendo a imaginarme es qué conservaría para releer o visionar una y otra vez sin aburrirme, es decir, entretenimiento puro y duro en un mundo que se ha ido a la mierda y del que necesito evadirme. Así que ahí va:

De libros escogería la trilogía de Los señores del cielo, con los que descubrí mi pasión por la ciencia ficción. De películas, la trilogía de Riddick, aunque para entonces puede que haya cinco títulos y me toque escoger, pero de momento… O bueno, la trilogía de Mad Max, o las de Alien, o…Vamos, que me lo tendría que pensar mucho.

En cuanto a la música, eso sí que es difícil. Me gusta de todo, desde el pasodoble a lo más gamberro. Uf, no sé. Tal vez algo de Linkin Park, UVERWorld y Within Temptation. Aunque preferiría tener un popurrí que incluya además Eminem, 4Minute, AC/DC, 2Cellos, la banda sonora de alguna película…

Y ya que estamos, ¿por qué limitarnos a pelis, libros y música? Porque si puedo ver películas, entonces podría añadir series y anime. Con algo de suerte, si me agencio una consola, también incluiría videojuegos. Y bueno, si puedo escoger libros, supongo que entonces entrarían juegos de rol, ¿no?

La pregunta ucrónica: ¿Cuál es el libro que habrías querido escribir pero ya estaba escrito? ¿Por qué ése?

Ninguno, en realidad. Jamás he pensado «esto me habría gustado escribirlo». Sí que me ha pasado en más de una ocasión el descubrir que alguna, o algunas de las ideas que he desarrollado en lo que he escrito durante todos estos años (y no publicado), aparece en una serie aquí, en una película allá. Pero bueno, a estas alturas todo está inventado. Es difícil ser original porque a quienes nos gusta la cifi, de una forma u otra bebemos de las mismas fuentes, así que parece lógico pensar que se puede llegar a la misma idea desde dos o más puntos alejados.

La pregunta que nunca te han hecho: ¿Finales abiertos, o cerrados?

Con el paso de los años me he dado cuenta de que los finales cerrados no me convencen, o mejor dicho: no me los termino de creer. Por ejemplo, al terminar una novela, o una peli distópica, siempre pienso: bien, ya habéis derrocado al sistema superchungo, pues ahora empieza lo bueno; a ver cómo os las apañáis. O incluso: vale, os habéis deshecho del tiparraco este, pero eso no implica que todo se vaya a solucionar de repente.

Con las historias que leo o veo, y me apasionan, me gusta imaginarme qué es lo que sucede después, y en más de una ocasión las he continuado dentro de mi cabeza.

Supongo que soy de las pocas personas que opina así. Entiendo la necesidad de cierre, el monstruo ha muerto y puedo descansar tranquilo, olvidarme y seguir con otra cosa. Pero no siempre es posible, o al menos, así lo veo yo. Generar angustia en el lector hasta puede invitar a la reflexión.

Citando de nuevo «La textura de las palabras», por ejemplo, decidí ese final por dos motivos. El primero porque, para mí, la verdadera protagonista es Kesha, la reina. En el momento en el que cumple el objetivo que se había marcado, su historia se cierra. El segundo porque estamos hablando de un sistema que se ha mantenido durante siglos, la forma de proceder y de pensar está muy arraigada, así que ese ciclo, esas luchas de poder se repetirán una y otra vez. Pasarán muchas generaciones, y tal vez con pequeños cambios en cada una de ellas, un día mirarán atrás y descubrirán que ya no viven como antes, y comprenderán que tendrán que seguir trabajando para mejorar. Y es que el monstruo a veces no es un individuo, o una sola entidad, sino un sistema, y esos son muy difíciles de vencer.

En definitiva, tal vez yo sea demasiado lógica, pero quiero pensar que también doy rienda suelta a la imaginación. Qué le voy a hacer, me gusta el «y vivirán miles de aventuras» y que el lector fantasee con las posibilidades venideras. Al fin y al cabo, escribo lo que espero encontrar cuando leo un libro o veo una película.


‹   ›