Recorriendo un planeta Wu-Wei

lunes, 21 de abril de 2014

Reproducimos aquí el texto de presentación de Viaje a un planeta Wu-Wei, una de las obras fundamentales para comprender (y disfrutar) la ciencia ficción española.

Bermúdez ha sido la voz más influyente en la génesis de la actual CF española. El primer escritor políticamente incorrecto, el primer literato con una preocupación formal añadida a la especulativa, el primer autor con voz autóctona. El primer posmoderno.

Julián Díez

Debió ser allá por 1989. No más allá de 1990, en todo caso. En mis manos cayeron dos novelas de Gabriel Bermúdez Castillo: El hombre estrella y Golconda. Confieso que la primera no me entusiasmó; me gustaba la premisa inicial, la inversión de los roles sexuales con los que jugaba la novela, pero la historia en sí me parecía débil y sin demasiada garra. Golconda me resultó más satisfactoria, pero me quedó la sensación de que allí faltaba algo, que había demasiados huecos en una historia que, además, no terminaba.

Por aquel entonces colaboraba con el fanzine Maser, que sacaba con cierta frecuencia un pequeño boletín informativo que reseñaba novedades de ciencia ficción e incluía también algún que otro artículo de fondo.

Escribí una reseña de ambas novelas para el boletín. Y confieso que cargué las tintas en los aspectos negativos de ambas novelas y no resalté lo suficiente los positivos. Nada de lo que decía era falso, pero sí deformaba en cierto modo la realidad.

Años después volví a leer ambas novelas, algo que hago con cierta frecuencia: de vez en cuando recorro con la vista mi biblioteca y, a veces, por un motivo o por otro, algún título ya leído llama mi atención y decido releerlo a ver si la impresión inicial era correcta o la relectura la hace cambiar. Siempre he considerado, de hecho, que la verdadera lectura, la que deja poso y proporciona una imagen más certera de la novela, es la segunda y no la primera.

Seguí encontrando floja El hombre estrella, pero me pareció que Golconda era bastante mejor de lo que recordaba y, como ya me había sucedido la primera vez, me resultó muy interesante el manejo del lenguaje que hacía el autor y el modo en que jugaba con él para reflejar distintos estratos sociales o situaciones diferentes. Repasé las reseñas que había escrito de ambas novelas y me pareció que había sido demasiado negativo, especialmente con Golconda.

Y, llevado por un impulso, conseguí la dirección del autor a través de mis contactos con el fandom cienciaficcionero y le escribí para pedirle disculpas por haber cargado demasiado las tintas en lo negativo de sus novelas. ¿Suena tonto? Seguramente. Y más teniendo en cuenta que era muy probable que el hombre ni siquiera hubiese leído esas reseñas mías, teniendo en cuenta la limitada circulación del boletín informativo de Maser.

En efecto, Gabriel Bermúdez no había leído mis reseñas y así me lo hizo saber en la amable carta con la que respondió a la mía. Sí, una carta, en papel, en un sobre y echada a un buzón de correos… eran otros tiempos.

Eso inició una cordial correspondencia entre ambos que, con el tiempo, fue derivando hacia una buena amistad. En algún momento, sintiéndome quizá un poco avergonzado por mi osadía, llegué a enviarle algunas de mis obras. Por entonces, yo era un tipo que había publicado poco menos de una docena de relatos en un par de fanzine y varios artículos en los mismos medios. Bermúdez era un escritor veterano y apreciado y, seguramente, lo último que querría era leer los intentos literarios de un novato.

Pero lo hizo. Los leyó y fue lo bastante amable para hablar bien de ellos. Creo recordar que se trataba de La sabiduría de los muertos (mi primera novela holmesiana) y de Los celos de Dios, una novela corta que transcurría en mi universo de Drímar. Gabriel no sólo leyó ambos textos y me hizo saber que le gustaban, sino que en un caso me ayudó a corregir varios errores de ambientación (gracias él supe cuál era el coche de caballos correcto en la era victoriana para tres personas, por ejemplo) y en el otro fue capaz de desentrañar casi todas las claves de la cronología de Drímar con sólo haber leído un relato.

Al mismo tiempo me envió lo que iba a ser su próximo libro. Acababa de publicar con Miraguano la novela Salud mortal y lo que me hizo llegar fue una recopilación de dos novelas cortas y un relato que saldría con la misma editorial bajo el título de Instantes estelares. También me comentó que la edición que Acervo había hecho de Golconda estaba severamente mutilada y que, en realidad, la novela no era sino una parte de un todo mayor llamado Mano de Galaxia que algún día esperaba poder publicar. (Algo que ocurrió unos cuantos años más tarde gracias  la Universidad de Zaragoza, pero eso es otra historia.)

Entretanto, yo seguía sin haber leído las que son, seguramente, sus dos novelas más emblemáticas, publicadas ambas hacía algún tiempo y difíciles de conseguir en aquellos momentos. Gracias mi buen amigo José Luis Rendueles pude leerlas (y, algún tiempo después, conseguí hacerme con mis propios ejemplares). Se trataba, por supuesto, de El señor de la Rueda y Viaje a un planeta Wu-Wei.

Con lo que llegamos, amable lector, al verdadero propósito de esta presentación. Ya era hora, pensarás.

De El señor de la Rueda espero poder hablar otro día.

En cuanto a Viaje a un planeta Wu-Wei, la novela me atrapó desde el primer momento. El primer capítulo me intrigó, el segundo me tuvo en vilo y, para cuando llegué al tercero y conocí a ese pedazo de personaje que es Serapio Marcilla, alias el Manchurri, ya estaba completamente pillado.

Devoré la novela en muy poco tiempo, saboreando cada página, cada anécdota, cada golpe de ironía, disfrutando de esa sociedad de tintes claramente anarquistas que poblaba sus páginas, gozando con los personajes y sus peripecias. Cuando llegué al final y cerré el libro, supongo que mi primera reacción fue ponerme a buscar mi mandíbula, que algún momento de la lectura se me había caído y, sin duda, debía de estar en el suelo, por alguna parte.

Creo que nunca había leído nada parecido. Era ciencia ficción, sin duda. Y era una excelente novela, por supuesto. Pero era algo más. Era algo distinto, diferente. Aquello, saltaba a la vista, no había sido escrito por un autor americano o inglés, ni por un autor patrio que siguiera esos modelos servilmente. Cada página, cada capítulo, casi cada frase, tenía un marcado sabor hispano y la novela destilaba una ironía y una mala leche que sólo podían ser netamente españolas.

Viaje a un planeta Wu-Wei era una excelente novela de por sí, pero además tenía el valor añadido de tener una personalidad propia, contundente y muy distinta a la de toda la ciencia ficción (casi mayoritariamente anglosajona) que había leído hasta aquel momento. Se suele considerar la aparición de Lágrimas de luz de Rafael Marín el momento de la mayoría de edad de la ciencia ficción española. No lo discuto. Sin embargo, la novela de Gabriel Bermúdez supuso, seis años antes, un toque de atención importante: allí había un excelente escritor con una voz propia que tenía cosas interesantes que contar y sabía cómo contarlas.

Como comentaría años más tarde Julián Díez, Gabriel Bermúdez fue, en cierto modo, el primer posmoderno de la ciencia ficción española. Si alguna vez ha habido una novela mestiza en nuestro género, una novela que amalgamara distintos géneros (space opera, fantasía, terror, viaje iniciático, sátira, novela utópica…) ésa era sin duda Viaje a un planeta Wu-Wei. Y el resultado era de una armonía y una coherencia narrativa sorprendentes.

No es una novela perfecta, desde luego. El mismo autor ha reconocido en alguna ocasión, por ejemplo, que toda la parte de la aventura africana es una especie de excrecencia narrativa que guarda poca relación con el resto de la historia.

¿Importa eso? ¿Quién demonios quiere una novela perfecta? ¿Existe algo como eso, acaso?

Pero no voy a recorrer ese camino, no tendría sentido.

Baste decir que Viaje a un planeta Wu-Wei es una de las mejores novelas españolas de ciencia ficción de todos los tiempos. Que tiene personalidad propia. Y que, sobre todo, es una lectura fascinante, vibrante y enormemente divertida.

No, esta presentación aún no ha terminado. Te pido disculpas por lo dilatado de la misma, paciente lector; ya no queda mucho, en todo caso.

No es la primera vez que publico esta novela. Allá por el año 2000, la HispaCon (la Convención Española de Ciencia Ficción) se celebró en Gijón, dentro del marco de la Semana Negra. La organización de la HispaCon, de la que formaba parte, se propuso publicar dos libros, de cuya realización me acabé encargando. Uno fue Sol 3, una recopilación de relatos y artículos de Domingo Santos, un merecido homenaje a uno de los grandes nombres de la ciencia ficción española que, además, tenía el formato y la maquetación de un número de Nueva Dimensión, la revista que Santos había creado (junto con Luis Vigil y Sebastián Martínez) y había dirigido en su última etapa.

El otro fue, precisamente, una reedición de Viaje a un planeta Wu-Wei.

Se hizo una tirada muy limitada de ambos libros y, dentro del espíritu de la Semana Negra, fueron ediciones gratuitas que se regalaron a los asistentes.

Confieso que nunca estuve muy contento con esa edición a pesar, o quizá precisamente por eso, de haberla realizado yo.

Por un lado, hubo que reconstruir el texto a partir de la edición previa de Acervo, ya que el autor no tenía una copia en digital (sí, eran otros tiempos, sin duda), lo que implicaba un trabajo de escaneo/OCR más la posterior revisión del texto reconstruido para asegurarse de que estaba libre de erratas. Por desgracia, esa última tarea no se hizo todo lo bien que se debería haber hecho (el tiempo se nos echaba encima) y el libro salió con demasiadas erratas.

Por otra parte, no me gustaba demasiado el formato en que lo publicamos. El libro tenía unas dimensiones un tanto extrañas (demasiado grande y casi cuadrado) para hacerlo compatible estéticamente con los libros que solía publicar la Semana Negra. Era un formato que no me gustaba demasiado y es otro de los motivos por los que nunca estuve del todo satisfecho con esa edición del año 2000.

Poco sospechaba yo que el tiempo me daría la oportunidad para hacer las cosas mejor y conseguir, por fin, una edición a mi gusto. Una edición más acorde, a mi parecer, con lo que la novela merecía.

Ahora, trece años después de la edición de la Hispacon, veintiséis años después de la edición de Orbis y treinta y siete años después de la edición de Acervo, Viaje a un planeta Wu-Wei vuelve a estar al alcance de los lectores, en una edición simultánea en ebook y en papel. Una edición que, así lo hemos intentado, aspira a ser definitiva y se complementa con un recorrido por la historia editorial de la novela y donde el lector podrá encontrar las distintas portadas (incluida la de la reciente edición polaca), recortes de periódico de la época de la primera edición, el prólogo que Julián Díez escribió para la edición del 2000 e, incluso, la valoración que Domingo Santos realizó de la novela en aquellos lejanos años setenta para recomendar su publicación por Acervo.

Si eres un lector veterano de ciencia ficción, sin duda ya has leído y disfrutado la novela. Esperamos que vuelvas a hacerlo y que esta edición te aporte algo nuevo. Si nunca te has acercado a Viaje a un planeta Wu-Wei, si es tu primera vez, adelante, pasa la página y empieza a disfrutar. Además, si ése es tu caso, si estás a punto de leerla por primera vez, confieso que te envidio, amable lector.

Inicia el viaje. Será fascinante y, estamos, seguros, cuando acabes querrás más.

Tiempo al tiempo, en todo caso, y buena travesía.

Rodolfo Martínez


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