No hables tú, que lo haga tu libro

martes, 6 de mayo de 2014

Como podéis suponer, con frecuencia nos llegan originales inéditos para que los leamos y decidamos si estamos interesados en su publicación.

Hay de todo, evidentemente. Bueno, malo y regular. Parte de lo que recibimos y nos ha parecido bueno, ya lo hemos publicado, otra parte está en cartera. Mucho de ello lo hemos tenido que rechazar y no siempre ha sido fácil; a menudo había elementos de interés en lo que leíamos, pero no los suficientes para decidirnos a aceptarlo. Y muchas otras obras, por duro que suene, fueron rechazadas sin dudar demasiado, pues no alcanzaban el nivel mínimo requerido, cuando no estaban plagadas de fallos evidentes de redacción, conocimiento de la gramática, la ortografía o la puntuación.

Generalmente, el envío del original viene acompañado de una sinopsis y una breve presentación del autor. Ambos elementos son útiles para el editor, pues le ayudan a formarse un esquema mental y, en algunos casos, a tomar una decisión más rápida. Si, por ejemplo, fuéramos una editorial centrada en la narrativa policiaca, está claro que una sinopsis de la obra donde se ve claramente que se trata de una fantasía épica hará que, probablemente, ni perdamos el tiempo en la lectura de lo que nos mandan. No, no estamos siendo peyorativos al hablar de «perder el tiempo» ni emitiendo un juicio de valor sobre la obra. Esta puede ser la fantasía épica más extraordinaria jamás escrita, pero simplemente no encaja en nuestra línea editorial. Estaremos encantados de leerla si algún día se publica y disfrutaremos con su lectura, sin duda, pero no tiene sentido dedicarle nuestro tiempo como editores.

En todo caso, decía, tanto la sinopsis del libro como la presentación del autor son útiles para nosotros… o deberían serlo. Ambas deberían aportar información relevante y útil que nos vaya a ser de ayuda a la hora de leer y tomar una decisión. Y para que eso sea así, deberían ser breves, concisas e ir al grano: el autor ha publicado esto o lo otro (o nada, si es así) y el libro es de esta temática, su argumento general es éste y sus principales personajes son estos otros. Ya está. No necesitamos más. No queremos más. El resto, nos lo dirá el propio libro cuando nos pongamos a leerlo.

Y, desde luego, lo que no queremos es al propio autor entonando las loas y alabanzas de su obra. Partimos de la base de que él la considera buena, por supuesto: la ha escrito y desea verla publicada y asumimos que cualquier persona con un mínimo de autoestima no querría ver publicado algo que él mismo considera basura. Así que no necesitamos que nos explique lo buenísima que es su novela, lo bien escrita que está, lo profundamente original que son su planteamiento y su desarrollo, la maravillosa película que haría en manos de James Cameron y el envidiable futuro que tiene ante ella porque, en cuanto se publique, va a arrasar entre los fans de Canción de hielo y fuego o Los juegos del hambre.

No, no nos estamos inventando nada. Hemos recibido sinopsis de ese estilo. No son la mayoría, pero son unas cuantas.

Y tenemos que confesar que, al leer eso, se nos hace muy cuesta arriba dar el paso siguiente y ponernos a leer la obra que se nos ha mandado. Quizá es una peculiaridad nuestra, aunque sospechamos que no; en todo caso, los elogios desmedidos del autor hacia su obra nos hacen ser más reacios a leerla que si se hubiera limitado a decirnos de qué va.

Somos nosotros los que decidiremos, de acuerdo a nuestro personal e intransferible criterio, si la obra es buena y si creemos que merece la pena ser publicada. Y eso no lo vamos a decidir en base a lo que nos diga el autor de ella, por mucho entusiasmo e hipérboles que le eche al asunto. Nos lo tiene que decir la propia obra; es el libro, con su lectura, el que nos tiene que convencer de lo bueno que es y no hay sustitutivos para eso.

El trabajo difícil ya lo has hecho: has escrito tu novela. Y es ella la que tiene que hablar por ti, es ella la que tiene que convencer al editor y es ella, si es publicada, la que deberá enganchar a los lectores. No nos cuentes lo extraordinaria que es, deja que sea ella misma la que lo haga. Te aseguramos que nos vas a encontrar mucho más receptivos si lo haces así.


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